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¿Por qué no somos un colegio reconocido por el Estado?

 

A menudo se nos pregunta por qué no somos un Colegio reconocido por el Estado, por el Ministerio de Educación, y la respuesta es muy sencilla: porque en Chile no es posible ejercer una pedagogía distinta a la que determina el Estado. Lo que se debe hacer en nuestro país en educación, curricularmente hablando, en gran medida está determinado por la reforma educacional puesta en práctica en Chile, a partir de la “Ley orgánica Constitucional de Enseñanza” (LOCE), promulgada en 1990 y puesta en práctica a partir de 1998. Esta reforma estableció lo que se conoce como los “Objetivos Fundamentales Trasversales y Verticales” y los “Contenidos Mínimos Obligatorios”, los cuales fueron revisados y actualizados por la “Ley General de Educación” (LGE), en 2009. Los OFT, OFV y CMO además de definir los contenidos concretos, fija la secuencia de ellos, es decir, qué contenidos corresponden a qué cursos. Cabe señalar que la LGE planteó la necesidad de elaborar un nuevo documento curricular: “Objetivos de aprendizaje” para cada nivel, el cual se encuentra en consulta pública (2011).

En honor a la verdad, hay que decir que la LGE consagra la libertad curricular, pero solo más allá de estos “Objetivos…” y “Contenidos…”. Es decir, cualquier colegio puede impartir lo que quiera, pero solo después de haber cumplido con lo indicado. Solo resta agregar que los así llamados “Contenidos Mínimos Obligatorios”, nada tienen de mínimos; por el contrario, son tan abultados, que prácticamente ningún colegio de Chile logra cumplirlos. He aquí la sencilla respuesta a la pregunta que a menudo se nos hace. Para tener una real libertad curricular, es decir, para trabajar nuestro currículum a partir de los niños concretos que tenemos en la sala de clase, hemos llegado a la determinación que ustedes conocen.

Es importante, para quienes leen este pequeño escrito, que sepan que en nuestra ya no tan breve historia como Colegio –este año 2012 cumplimos 29 años– hemos hecho cinco intentos por obtener el reconocimiento; en distintos momentos, con distintos gobiernos, con distintas personas y por distintos caminos. Nuestro último intento, durante el año 1999, surgió de una motivación de padres y profesores y nos llevó a conversar directamente con la entonces Ministra de Educación, a quién algunos padres conocían personalmente. En una amena conversación ella nos manifestó el deseo de ayudarnos, así tiempo después llegamos a hablar con la persona más importante en la puesta en marcha de la LOCE. Él nos dijo que en el escenario actual no había voluntad política de legislar el caso que le planteábamos, argumentando que lo que ocupa y preocupa al Ministerio de Educación es la gran masa de los estudiantes chilenos, y que nuestro caso es cuantitativamente poco importante. Dicho sea de paso, todo lo expuesto por esta persona fue dicho de muy buena manera, con ánimo positivo hacia nuestro caso. Él afirmaba con gran convicción lo bueno y conveniente de nuestra pedagogía, la consideraba un aporte importante para la vida educacional chilena, y quería efectivamente ayudarnos. Pero no nos fue muy difícil saber en ese momento que nuestro camino continuaría siendo el de siempre, el no-reconocimiento, y así lo decidimos.

Y después de todo… ¿cabría alguna posibilidad de reconocerse?

Ahora bien, no todas las personas que nos hacen la pregunta en cuestión, quedan satisfechas con la respuesta dada. Algunas insisten: “Pero, verdaderamente, ¿no existe ninguna posibilidad de obtener un reconocimiento?”. La respuesta a esta pregunta ya no es tan simple, y tiene que ver con hábitos y costumbres profundamente arraigadas en la convivencia entre nosotros los chilenos. Vean ustedes, cuando un colegio privado consigue el reconocimiento estatal, queda sujeto a inspecciones por parte del Ministerio de Educación. Estas inspecciones son realizadas, naturalmente, por un funcionario respectivo, por un inspector o supervisor, quien tiene la potestad de exigir ver los Libros de Clase del colegio en cuestión. Estos Libros de Clase deben ser escritos por cada profesor del colegio, cada día de clases, dejando constancia de lo hecho por él ese día. Cuando el inspector, o supervisor, revisa estos Libros, debe constatar que lo allí escrito corresponde, tanto en contenido como en secuencia, a lo estipulado por los programas ministeriales. Él no puede exigir entrar a alguna sala mientras se hacen clases, para corroborar lo escrito; solo tiene acceso a los Libros, y a preguntas que pueda o quiera hacer a los profesores. Así pues, si lo escrito en esos Libros de Clases está de acuerdo con los programas oficiales, el colegio puede continuar haciendo su trabajo tranquilamente, hasta la próxima inspección.

Lo recién descrito nos hace rectificar nuestra respuesta; en realidad, no es cierto que no exista ninguna posibilidad de obtener el reconocimiento. Existe, y consiste en obtener el reconocimiento como si fuésemos un colegio como cualquier otro, hacer nuestra pedagogía, y de ahí en adelante preocuparse que lo que se escriba en los susodichos Libros de Clase, concuerde con lo estipulado por la autoridad oficial. Qué se haga realmente cada día en cada sala de clases, es harina de otro costal: se dice que se hace una cosa, pero se hace otra. Y es esto lo que dice relación con lo que aludíamos acerca de las “…costumbres profundamente arraigadas…”. ¿Quién puede negar que entre nosotros los chilenos, el decir una cosa y hacer otra, no constituye una costumbre nacional? Y, nueva pregunta, ¿no debiéramos, todos los educadores de este país, hacer un esfuerzo por intentar corregir una costumbre tan poco saludable? No hay duda de que este tipo de malos hábitos nacionales –en todos los países del mundo existen, y en cada uno de distinta naturaleza– solo pueden intentar corregirse desde la más temprana infancia, como proceso eminentemente educativo. Pero ello, naturalmente, exige que debamos empezar con nosotros mismos.

Hay, sin embargo, aún otro aspecto de gran importancia que hacer presente. Hacer una cosa y decir que se hace otra es, al menos técnicamente, un engaño. Más aún, esta situación engañosa implica la creación y mantenimiento de un determinado procedimiento que la sustente, que la lleve a cabo, que se realice día a día: cada día, cada profesor debe sentarse a escribir cosas que no son ciertas, de tal manera que cuando aparezca un inspector del Ministerio de Educación, pueda ver en los Libros de Clase lo que se ha enseñado a los niños ese día, y todos los anteriores, y que no puede ser otra cosa que lo que estipulan los Planes y Programas del Ministerio. ¿Es esto inocuo para un ser humano? Todos los días, cada profesor se encuentra con sus niños, o jóvenes, con sus alumnos y alumnas, y cada día hay algo que no puede compartir con ellos, que no deben saber, que hay que resguardar de la luz. En fin… definitivamente, no es lo que queremos vivir cada día.

Una decisión legítima

¿Por qué trabajar a escondidas en algo que es enteramente legítimo?, legítimo no solo por sí mismo, sino que, y esto es lo más importante, legítimo porque es elegido por los padres de los alumnos a sabiendas de ello. De hecho, vivimos como Colegio no solo legítimamente, sino de forma enteramente legal, ya que a pesar de que el Estado chileno no hace fácil la existencia de colegios libres, en la Constitución Política del Estado de Chile se consagra la libertad de educación, y el camino que llevamos ya casi por 30 años es perfectamente legal, posible y, lo más importante para nuestro trabajo, abierto y conocido.

Es importante para el caminar diario de nuestro Colegio, así como para mantener su norte en medio de un mundo siempre cambiante, como el que nos toca vivir, que nuestros padres y apoderados se mantengan despiertos en lo que atañe a nuestros objetivos: ayudar a los niños y jóvenes que son nuestros alumnos(as), a través de una educación libre y elegida por sus padres, a que puedan actuar en el mundo que les toque vivir, guiados por metas que surjan desde la esencia de sus personas, desde la autonomía moral de su propio ser. Para lograr lo descrito, no solo es necesario, sino imprescindible, que nosotros mismos, como Colegio Libre que queremos ser, hagamos lo mismo, abiertamente y de cara a este mundo.

Validación de exámenes

Nuestra decisión, como es de esperar, nos lleva a otra pregunta: ¿qué pasa con las notas y exámenes que los niños(as) y jóvenes necesitan? Después de todo, nuestros alumnos deben tener estudios reconocidos, no puede ser de otra manera. ¿Cómo lo resolvemos? Haciendo que nuestros niños(as) y jóvenes den Exámenes de Validación de estudios frente al Ministerio de Educación. Los niños(as), a fines de 8º lo correspondiente a todos los años de la Básica; los jóvenes, lo correspondiente a 1º y 2º Medio en nuestro 3º Medio, y lo correspondiente a 3º y 4º Medio en nuestro 4º medio.  En todos los casos, se acogen a la calidad de Alumnos Libres, frente a los cuales, y de acuerdo a la legislación vigente, el Ministerio de Educación debe designar el Colegio Examinador de acuerdo al domicilio del alumno(a). En nuestro caso, cada año debemos conseguir que el domicilio que se considere sea el de nuestro Colegio, de tal manera que todos(as) puedan ser examinados en una misma instancia.

El ejercicio de la libertad curricular tiene algunos costos, es una posición que puede despertar dudas en los padres que recién se acercan a nuestro colegio, pero este camino nos permiten actuar en coherencia con nuestra mirada pedagógica y el trabajo que día a día realizamos en la sala de clase.

Colegio Rudolf Steiner

Antupiren 9591 | Fono (56) 2 2292 7585
Peñalolen | Santiago
www.colegiorudolfsteiner.cl

"Nuestro mayor objetivo ha de ser desarrollar seres humanos libres que sean capaces por ellos mismos de impartir propósito y dirección a sus vidas"

RUDOLF STEINER